domingo, 28 de agosto de 2011

¿Desde cuándo existe la esclavitud?
Se remonta a épocas prehistóricas, aunque se institucionalizó cuando los avances agrícolas propiciaron el establecimiento de sociedades organizadas que requerían abundante mano de obra. Los esclavos se obtenían de los prisioneros de guerra, delincuentes, gentes de otra raza o religión o personas que eran vendidas por sus familiares a cambio del perdón de una deuda.

La esclavitud era aceptada en todas las sociedades antiguasMesopotamia, India, China, Grecia, Roma, civilizaciones precolombinas...– y en todos los sectores económicos: minería, construcción, agricultura, el hogar... En el Egipto faraónico los esclavos eran un estamento poco numeroso y dedicado al servicio doméstico; la idea de que las pirámides fueron levantadas por ejércitos de esclavos parece infundad.

De los 200 millones de personas que poblaban África a mediados del siglo pasado, 50 millones eran esclavos. 
 

¿Qué fue la trata de negros?
El tráfico de esclavos africanos o trata de negros, que iniciaron los árabes en el siglo VII, fue convertido por los países europeos en un negocio triangular a gran escala (adquisición de esclavos negros en África, traslado por mar y venta en América) durante la época colonial.

   
En 1452, los portugueses, tras ser autorizados por el papa Nicolás V para conquistar las tierras africanas en poder de los sarracenos y esclavizar a sus habitantes, convirtieron sus colonias de Angola y Guinea en centros de captura y contratación de esclavos. Luego se sumaron España y otros países. La primera fase de la trata era la captura de los negros en sus propias aldeas, por negros de otras tribus o etnias. La mayoría provenía de África occidental, entre Senegal y Congo

Después eran trasladados a los castillos erigidos a lo largo de la costa, donde esperaban encadenados y hacinados en lúgubres mazmorras a ser embarcados por los negreros europeos, que los llevaban a los mercados de esclavos de América. Allí su nuevo amo los marcaba con hierro candente. El destino final eran las minas y grandes plantaciones de las colonias.

El número exacto de seres humanos arrancados a la fuerza de su tierra es difícil de precisar, pero se cree que entre 1500 y 1850 unos 12 millones de negros cruzaron el Atlántico. El resultado fue la devastación del continente africano, donde se abandonó la agricultura y se detuvo el progreso de regiones enteras al despoblarse de hombres y mujeres en edad productiva.

¿Quiénes eran los negreros?
Así eran conocidos los mercaderes y navegantes, en su mayoría europeos, dedicados al tráfico de esclavos negros. Los primeros negreros fueron portugueses, que desde el siglo XVI, con la introducción de esclavos en América, compartieron el negocio con italianos, alemanes, holandeses, ingleses y franceses. 


El comercio de la trata estuvo raras veces en manos de españoles, quienes no dispusieron de factorías africanas donde proveerse. Normalmente, la corona española concertaba un asiento con negreros de otros países para llevar esclavos a sus colonias. Había empresas organizadas, como la Real Compañía Africana de Londres, o negreros por cuenta propia, como el alemán Sayller.

¿Cómo eran trasladados los esclavos africanos a las colonias de América?
En los barcos negreros que los trasladaban desde los castillos de la costa africana –Isla de Bunce, Elmina–, a Brasil, el Caribe o América del Norte, la crueldad superaba cualquier límite. La estrechez, el hambre, la sed y las enfermedades hicieron del viaje por mar una pesadilla que fue la tumba de muchos. De hecho, pese a que se escogía para esclavos a "hombres jóvenes y fuertes o negras jóvenes y con grandes pechos”, según un negrero inglés, al menos el 25 % nunca llegaron a su destino.



Iban amontonados sobre plataformas de madera dispuestas a varios niveles en las bodegas, sin espacio para mantenerse erguidos, con grilletes y “aplastados como los muertos en sus ataúdes, no podían darse la vuelta ni mover un palmo”, según el médico naval Thomas Trotter. Una ración diaria de gachas de maíz era la dieta habitual. Muchos murieron de desnutrición, cuando no por sarampión, escorbuto, viruela o disentería.

John Hawkins (1532-1595)
Además de aventurero y corsario, John Hawkins fue el primer traficante de esclavos inglés a gran escala. Nacido en Plymouth, en la costa sur de Inglaterra, era hijo de William Hawkins, confidente de Enrique VIII y capitán de la Marina Real. John comenzó su carrera en el comercio marítimo africano y pronto se convirtió en negrero, al transportar esclavos desde la costa de África occidental a las Antillas, lo que suponía desafiar la legislación española y entrar en conflicto con su Armada, pues el tráfico estaba prohibido a los extranjeros no autorizados. 
 

Con sólo 22 años, Hawkins montó un consorcio para la trata de negros con varios inversores, que él mismo dirigió. Durante una de sus travesías recaló en Tenerife, a donde llegó en 1560 haciéndose pasar por un honrado comerciante de paños y vinos. Al año siguiente volvió y se llevó como piloto al vecino de Santa Cruz Juan Martín, pues lo necesitaba como requisito legal para poder entrar en Guinea. 

Allí saqueó varios barcos portugueses, cuyo contenido vendió en Santo Domingo. Su primer embarque de esclavos (1562) por cuenta de una sociedad londinense resultó tan rentable que en su segunda expedición (1564-1565) contó con la participación de un selec to grupo de socios que incluía a la reina Isabel I. A bordo del inmenso navío de 700 toneladas Jesus of Lübeck realizó su periplo más largo, durante el cual volvió a desembarcar en Tenerife, aunque tuvo que salir huyendo al saber que en La Laguna iban a procesarlo por sus actos de pillaje en Guinea y Antillas. El gobierno español, bien informado sobre los negocios de Hawkins, presentó una protesta formal en Londres, donde prometieron controlarle, cosa que nunca sucedió.

Con lo que no contaba el mari no inglés era que su tercer viaje (1567- 1569), en compañía de Drake, iba a acabar en desastre. Después de capturar el barco negrero portugúes Madre de Dios, vender el cargo de esclavos y otras mercancías en el Caribe y de amenazar con saquear varias ciudades, entre ellas Cartagena de Indias, Hawkins y sus hombres se vieron obligados a tomar tierra en San Juan de Ulúa, cerca del puerto mexicano de Veracruz, donde fueron sorprendidos por una flota española que hundió cuatro de sus seis barcos.

Fingió traicionar a la reina para obtener información
Hawkins logró escapar con los otros dos navíos, y durante el penoso viaje de vuelta a Inglaterra pensó que la guerra contra España era inevitable. De ahí que en 1570 fingiera traicionar a Isabel I ofreciendo sus servicios a los españoles, con el verdadero propósito de liberar prisioneros y obtener información sobre la futura invasión de la Armada Invencible a Gran Bretaña. Luego ayudó a desmontar una conspiración para sustituir a Isabel por María Estuardo en el trono inglés, y su lealtad fue recompensada con un escaño en el Parlamento, lo que impulsó su carrera política (ver recuadro).

Su vuelta activa a los mares se produjo en 1588, cuando como capitán del Victory fue uno de los líderes de la flota que derrotó a la Armada Invencible. En los años sucesivos, Hawkins realizó varias expediciones corsarias contra los buques españoles. En 1590 fracasó en las islas Azores en su intento de interceptar la flota de las Indias cargada de metales preciosos. En 1595, a los 63 años, tras fallar también en el intento de atacar las islas Canarias, partió con Drake y una flota de 27 barcos al asalto de los puertos españoles en las Indias. Murió justo antes de un asalto frustrado a Puerto Rico y su cuerpo fue entregado al mar.

EL Olonés (1630-1669)
Jean-David Nau fue el más famoso bucanero francés del siglo XVII y uno de los más crueles y temidos de la historia de la piratería, si es cierta su leyenda. Con sus prisioneros solía seguir una rutina siniestra consistente en interrogarlos, torturarlos y elegir a uno para cortarlo en pedazos, sacarle el corazón y luego masticarlo y escupirlo a la cara de los otros, para que supieran lo que les esperaba si no se atenían a sus normas. Le llamaban el Olonés porque era natural de Les Sables-d’Olonne, una localidad situada en la costa Atlántica de Francia, al norte de Burdeos. 


Después del servicio militar hizo la guerra por su cuenta
Siendo apenas un adolescente fue alistado a la fuerza en el ejército francés y enviado a la Martinica. Cuando cumplió los años de servicio obligatorio decidió quedarse en las Antillas atraído por el estilo de vida de los bucaneros, y pronto él mismo empezó a piratear en el Caribe con el consentimiento tácito del gobierno de Francia, que por aquellos años se hallaba en guerra contra España.

Una de sus expediciones más devastadoras tuvo lugar en 1666, cuando navegó con su barco el Golfo de Venezuela y se internó en el lago de Maracaibo. En menos de tres horas, él y sus hombres tomaron el Castillo de San Carlos y a continuación arrasaron la ciudad, donde se apropiaron de alimentos, vino, coñac y 20.000 reales, además de 20 prisioneros que fueron cruelmente torturados. También se apoderaron de las mejores casas para vivienda de la tropa e hicieron del recinto de la iglesia su cuartel. Durante dos meses se dedicaron a asaltar las plantaciones cercanas, capturando prisioneros para venderlos como esclavos y acumulando riquezas, comida y bienes que pudieran transformar en dinero. Después de regalarse unas cuantas fiestas y borracheras e incendiar todos los edificios que pudieron, los piratas abandonaron Maracaibo.

Al año siguiente salió el Olonés desde Santo Domingo al frente de una flota de 6 barcos y 700 hombres. En el sur de Cuba robaron canoas para navegar por las aguas poco profundas de los Cayos y luego pusieron rumbo hacia el Golfo de Honduras. Cuando se terminaron los alimentos, atacaron un poblado indígena, requisaron el maíz y los animales de granja, y después expoliaron todas las poblaciones por donde pasaron. 

A continuación navegaron a lo largo de la costa mexicana de Yucatán, atacando a todo bicho viviente, incluido un buque español. Sin embargo, cuando el Olonés propuso invadir Guatemala, parte de la tripulación decidió separarse. Tras una fracasada incursión por la selva, Nau y los fieles que le siguieron regresaron al mar para instalarse en la isla Tortuga.

En 1669, el Olonés reapareció en Campeche, Yucatán, a cuya playa llegó a nado con sus hombres después de sufrir una tempestad y perder los barcos. Luego fueron atacados por los españoles, que esta vez ganaron la partida. Al verse perdido, el Olonés se hizo el muerto y logró engañarles. Cuando recuperó fuerzas y curó sus heridas escapó en una canoa y pudo volver a Tortuga. 

Desde allí preparó otra expedición al norte de Cuba y Centroamérica, donde capturó nuevos botines y aterrorizó por unos meses a la población con sus robos, asaltos y asesinatos. Sin embargo, su final estaba próximo y fue tan violento como los actos que le habían proporcionado su siniestra fama: en Darién le capturaron unos caníbales de la tribu Kuna, que cumplieron con su rito habitual y lo despedazaron vivo, lo asaron y se lo comieron.

Tortuga, refugio de bucaneros

Tortuga es una pequeña isla de 200 km2 situada en el océano Atlántico al noroeste de La Española. Durante el siglo XVII fue un bastión para los piratas que surcaban el Caribe y la principal base de los bucaneros franceses, entre ellos el Olonés, que instaló allí su centro de operaciones. 

El territorio, cuyo contorno recuerda vagamente a una tortuga, es accidentado y montañoso en el interior, y su costa norte, plagada de arrecifes, resulta inaccesible. En cambio en el sur dispone de un puerto que ofrece un excelente refugio a los barcos y que sirvió como establecimiento para el tráfico de tabaco y de cuero para los piratas que comerciaban con la cercana isla de La Española y que asaltaban los barcos españoles.

En 1640, el enviado francés Le Vasseur, al mando de una tropa numerosa, tomó el control de la isla y expulsó a los ingleses, lo cual favoreció a los bucaneros, que encontraron más facilidades para avituallarse de víveres y pólvora. En lugar de cargar con su botín, muchos aventureros lo dejaban allí en espera de recuperarlo y transportarlo en una jornada de navegación hasta los puertos haitianos, lo que alimentó la leyenda de que la isla estaba llena de tesoros enterrados.

Bart Roberts (1682-1722) 
Conocido como Bart el Negro, Bartholomew Roberts nació en el pueblo de Casnewydd- Bach, Gales. Destacó por su conducta sobria (ver recuadro) y su currículo: se estima que a lo largo de tres años de pillaje capturó unos 450 barcos, lo que le convierte en el pirata con más éxito de la Historia. 
 

Se supone que se hizo a la mar por primera vez a los 13 años, y que comenzó su carrera en la piratería en junio de 1719, a la edad de 37, cuando el barco en el que viajaba como tercero de a bordo –el carguero dedicado al tráfico de esclavos Princess of London, al mando del capitán Abraham Plumb– fue atrapado por el pirata Howell Davis en Annama boa, un centro negrero situado en la Costa Dorada africana, en Ghana. Después, la tripulación del Princess fue obligada a enrolarse en la flota de Davis, galés como Roberts.

Éste mostró pronto sus grandes habilidades de navegante y cuando Davis murió en una emboscada que le tendieron los portugueses en la Isla del Príncipe, fue elegido capitán. Bart aceptó alegando que puesto que se había visto obligado a “mancharse las manos de barro como pirata, era mejor hacerlo como jefe que como grumete”.

Su primera decisión fue regresar a Príncipe para vengar la muerte de Davis. Amparándose en la oscuridad de la noche, sus hombres se desplegaron por la isla, mataron a cuantos individuos les salieron al paso y robaron todo lo que fueron capaces de cargar con ellos. Después, Roberts capturó el barco inglés Experiment y con el voto mayoritario de su tripulación, a la que gobernó con equidad y que siempre mostró hacia él una lealtad total, pusieron rumbo a Brasil.

A lo largo de 1720 cruzaron el Atlántico y costearon durante nueve semanas el litoral brasileño, hasta que localizaron un bajel portugués en la bahía de Todos los Santos que abordaron y saquearon. El botín, destinado al rey de Portugal, alcanzaba las 40.000 monedas de oro, además de diamantes y joyas. 

Roberts rebau tizó a su buque insignia como Fortune y, usando siempre el factor sorpresa y la velocidad en sus ataques, se hizo de oro abordando barcos a lo largo de dos años superprovechosos por las costas de Surinam, Guayana, Martinica y Barbados, tanto que el gobernador martiniqués puso precio a la cabeza del pirata. La reacción de éste fue ir a su vez a por el gobernador, atraparlo y matarlo colgándolo del mástil de su barco.

Quince barcos abordados en sólo tres días
Luego Roberts puso en su bandera una imagen alegórica que lo mostraba pisoteando las islas de Barbados y Martinica y extendió su radio de acción a la costa atlántica de Norteamérica, llegando incluso a Terranova, en Canadá. De vuelta al Caribe, los piratas abordaron más de 15 barcos ingleses y franceses en apenas tres días. Luego pusieron rumbo a África.

El final de Bart llegó en febre ro de 1722, cuando fue sorprendido y abordado por dos barcos de guerra británicos en Gabón. El combate fue desigual y el capitán pirata murió por una ráfaga de metralla que le dio de lleno en el cuello. Antes de que capturaran su cuerpo, su tripulación lo arrojó al mar por la borda, siguiendo sus deseos. La mayoría de sus hombres murieron ahorcados.

El antipirata

Roberts fue un caso atípico entre los piratas. Una descripción de la época lo presenta alto, bien parecido y habitualmente vestido con “elaborados chalecos y pantalones carmesí, una pluma roja en el sombrero y una cadena de oro al cuello con una cruz de diamantes colgada”. 

A diferencia de la mayoría de sus colegas de profesión, no le gustaba el alcohol. De hecho sólo bebía té, le repugnaba el ron y odiaba ver a sus hombres borrachos. Además era pulcro, se afeitaba, aborrecía el juego, mostraba buenos modales y trataba a todos con amabilidad y respeto, le encantaba la música y contrataba músicos a bordo, y escribía con letra clara y correcta ortografía.

Él mismo redactó una especie de código de comportamiento para la tripulación que incluía entre sus artículos la prohibición de jugar por dinero a las cartas y a los dados, la obligación de que cada hombre a bordo mantuviera limpia su indumentaria y armamento, el deber de apagar las candelas a las ocho y la prohibición bajo castigo severo de subir niños o mujeres al barco. 

También estableció el voto igualitario para todos los marineros a la hora de tomar decisiones y la equidad en el momento de repartir las raciones de comida o agua, que deberían ser iguales para todos sin excepción.

Francis Drake (1540-1596)
El más famoso pirata inglés, héroe en su país y demonio para los españoles a los que saqueó sin misericordia en el siglo XVI, nació en Tavistock, Devon, en una familia de granjeros protestantes. A los 13 años, Francis Drake zarpó a la mar en un carguero en el que aprendió a navegar y fue ascendiendo hasta convertirse en capitán con sólo 20 años. 

Tenía 23 cuando hizo su primer viaje a América en compañía de John Hawkins, su primo segundo. Juntos fletaron la primera expedición inglesa para comerciar con esclavos. Tras ser atacados por una flota española que destruyó dos naves, Drake emprendió una guerra personal contra España que le ocupó toda su vida.
 

Expedición de castigo en Irlanda del Norte

En 1572 dirigió una expedición de saqueo contra las plazas hispanas del Caribe y tomó el puerto de Nombre de Dios. Desde un alto situado en el istmo de Panamá divisó por primera vez el océano Pacífico. En 1573 regresó a Inglaterra con una carga de plata española y la reina Isabel lo tomó bajo su protección, aunque no podía reconocerlo oficialmente dado que había firmado una tregua temporal con Felipe II. Eso no fue obstáculo para que le ayudara en sus expediciones y le encargara importantes misiones.

En 1575, Drake iba al mando de los barcos que transportaban tropas y colonos ingleses al Ulster, acción que se saldó con la masacre de 600 hombres, mujeres y niños irlandeses después de que se hubieran rendido. En diciembre de 1577, Isabel I lo envió en secreto a una expedición contra las colonias españolas. 

Tras zarpar de Plymouth con cinco barcos y 166 hombres y cruzar el Atlántico, tuvo que abandonar dos naves en el estuario del Río de la Plata. En agosto de 1578 se adentró con las tres naves restantes en el estrecho de Magallanes hasta alcanzar el Pacífico, donde las tormentas destruyeron una de las naves y obligaron a otra a volver a Inglaterra.

Drake, que navegaba en su buque insignia Golden Hind, recorrió la costa chilena, donde saqueó Valparaíso y capturó varios barcos españoles, lo que le permitió usar sus cartas de navegación. En su periplo hacia el norte recaló para reparar su barco en una bahía californiana que hoy lleva su nombre. Luego puso rumbo oeste a través del Pacífico y llegó a las Molucas, las Célebes y Java, bordeó el cabo de Buena Esperanza y finalmente volvió a Londres en septiembre de 1580 con una gran carga de especias y tesoros. Fue aclamado como el primer inglés que había dado la vuelta al mundo y la reina le nombró Sir. Después fue alcalde de Plymouth, miembro del Parlamento y vicealmirante de la Marina Real.

Tras participar en la victoria contra la Armada Invencible, fue a Portugal para liderar una rebelión contra Felipe II y de paso saqueó La Coruña. Al no lograr ocupar Lisboa, se embarcó en una larga y esta vez desastrosa campaña contra la América hispana, en la que sufrió varias derrotas. Su final llegó tras un ataque frustrado a San Juan de Puerto Rico, donde sobrevivió a los cañonazos pero no a la disentería. En su honor, su tripulación saqueó y quemó Portobelo, mientras las campanas de las iglesias de Castilla lo celebraban repicando y Cervantes y Quevedo dedicaban versos a la muerte del más innoble enemigo de Felipe II.
Pleno contra la armada invencible

La más famosa anécdota sobre la participación de Drake en la victoria de los ingleses (y de los elementos) sobre la Armada Invencible refiere que estaba jugando a los bolos en Plymouth cuando recibió noticias de que la flota de Felipe II se acercaba, a lo cual repuso que primero terminaría la partida y luego derrotaría a los españoles.

Los hechos probados son que en 1587, después de haberse dedicado a la piratería en las Antillas durante años y haber obtenido cuantiosos botines, el marino británico volvió a Europa. Antes de recalar en Inglaterra aprovechó para saquear Cádiz, donde destruyó más de 30 barcos destinados a la famosa flota que se prepa raba para atacar Gran Bretaña, lo cual retrasó los planes de invasión por un año. 

Cuando finalmente esta se produjo, en julio y agosto de 1588, Drake, como vicealmirante de la Royal Navy, participó en la captura del galeón Rosario, que llevaba dinero destinado a la guerra de Flandes, de su almirante Pedro de Valdés y de la tripulación.

Después, el 29 de julio, el pirata hizo quemar varios barcos y obligó a la mayoría de los capitanes de la Invencible a romper la formación y a salir de Calais hacia mar abierto. Al día siguiente estuvo presente en la Batalla de Gravelines.

¿Cuál era la diferencia entre los esclavos y los siervos? 
Legalmente, el esclavo era considerado una mercancía que el dueño podía vender, comprar, regalar o cambiar por una deuda, sin que pudiera ejercer ningún derecho u objeción personal. La servidumbre, una categoría que se impuso en Europa durante la Edad Media, era algo menos opresiva. 
 

Los siervos eran trabajadores agrícolas legalmente vinculados a un lugar de residencia y labor, que estaban obligados a cultivar y cosechar la tierra de su señor. A cambio, podían laborar parcelas para su propio sustento y el de su familia, pagando al señor una parte de las ganancias en metálico y en especie. Su campo de acción era limitado, pero tenían derechos legales, no podían ser vendidos, podían heredar y legar propiedades y llegar a comprar su libertad.

¿Cuándo se abolió la esclavitud en España?
El abolicionismo tardó en imponerse en España, donde desde el inicio de la colonización, figuras como Bartolomé de las Casas, defensor de los indígenas, habían apoyado la introducción en América de esclavos negros. Sin embargo, en el siglo XIX, la presión del gobierno británico, que había abolido la esclavitud en 1807, y de los países europeos que le siguieron en el Congreso de Viena (1815), llevaron a Fernando VII a prohibir la trata en 1817. Pero la abolición efectiva no se produjo hasta 1870 (en la Península), 1873 (en Puerto Rico) y 1880 (en Cuba).
 

¿Existen aún esclavos en el mundo?
Pese a que la esclavitud fue prohibida por la Declaración de Derechos Humanos de la ONU (1948) y legalmente abolida en todo el mundo –Arabia Saudí (en 1963) y Mauritania (1980) fueron los últimos países en hacerlo–, su práctica sigue vigente. Actualmente afecta sobre todo a niños y mujeres, atrapados en redes de prostitución o condenados a servidumbre por deudas de sus parientes o a duros trabajos en minas, como ocurre en India, Pakistán, Brasil, Sudán o Tailandia. Estos países encabezan el ejército mundial de esclavos, que según Naciones Unidas incluye a 250 millones de seres humanos.
 

Sí, buana...
12,3 millones de personas en el mundo son explotadas laboralmente casi como esclavos, según la Organización Mundial del Trabajo.